El tema de la conducta humana (el bien y el mal), pero principalmente en este caso "el mal" es y ha sido objeto de reflexiones de filósofos, historiadores, sociólogos, psicoanalistas, etcétera. No es nuevo. Siempre ha llamado la atención que aquellos a quienes se les ha considerado humanos puedan albergar en su interior sentimientos que traducen en actos de maldad y que se cree únicamente son propios de conductas animales. Entonces, ese es un tema que de tiempo en tiempo se presenta de manera recurrente. Cuando se observa que el mal se repite una y otra vez, se reaviva el impulso por repensar la conducta "mala" de los seres humanos.
La causa, el motivo inmediato de retomar el tema del origen del mal, son algunas de las notas informativas en medios tradicionales o las redes sociales en las que se habla de las pruebas por las que deben pasar los reclutados por los grupos criminales, por lo general de manera forzada. Esas pruebas incluyen a quienes no son forzados (los menos) sino que de manera voluntaria se integran a los grupos conocidos delictivos. En las redes ha surgido información acerca de las "pruebas" a las que son sometidos quienes son "incorporados" o se incorporan por su propia voluntad. El objeto de todos esos actos crueles son el cuerpo: desmembrar cuerpos humanos ya sea vivos o muertos.
Es entendible y lo han expresado algunos de quienes han logrado escapar de las garras de los carteles: llegan a cometer tremendos actos de crueldad que, bajo otras condiciones, seguramente, no harían. La razón es que son llevados a ese momento por engaños y la única manera de alcanzar a resguardar la vida es ejecutar lo que se les ordena como prueba. El marco general en el que se lleva a cabo ese acto es que, en términos generales, el desmembramiento de cuerpos es considerado por la sociedad como algo cruel, "malo". Y ese acto de maldad es el que nos lleva considerar en esta entrega el tema del mal con el fin de contar con una visión que nos permita comprender lo particular.
De hecho, lo ocurrido en Jalisco, en Teuchitlán, en el Rancho Izaguirre, (en el estado de Jalisco) no es algo nuevo. Llamó la atención porque detrás de lo descubierto, es decir, la existencia de un lugar de reclutamiento del CJNG la derecha mexicana levantó toda una campaña en contra del gobierno con el fin de desprestigiarlo argumentando que se trataba de un lugar de exterminio. En el fondo, creo que quienes han llevado a cabo esa campaña de desprestigio muy bien pueden encuadrarse en el tipo de perfil de persona que por sus antecedentes políticos se encuentran vinculados a un tipo de crueldad humana de la que fueron y son responsables y que encubrieron cuando gobernaron el país.
En ese sentido la maldad no está en quienes en la búsqueda de un trabajo para sobrevivir personalmente o la familia caen en las campañas encubiertas de reclutamiento de los grupos criminales. Son los grupos criminales, entonces, en donde ese mal se ha arraigado y es transferido a personas que por el infortunio son enganchados a estos grupos. Lo que describió el profesor Luis Astorga, estudioso del tema, es que los actos de crueldad de seres humanos contra otros seres humanos (como los relatados por reclutados que escaparon) no son nuevos. Forman parte de una práctica que viene de lejos, del fondo de la historia sobre todo de la historia de Occidente. La conformación de la estructura social actual tiene como matriz ese tipo de actos "malos".
Y eso puede ser corroborado con una lectura de algún texto de historia universal, antropología, de la historia política o economía creado con un mínimo de seriedad. Se pueden encontrar ejemplos en los imperios que precedieron a la modernidad, como el chino, hindú, egipcio, asirio, romano, del que se desee analizar. En todos los casos es posible encontrar ejemplos de una crueldad hoy considerara inaudita desde la perspectiva del siglo XXI, casi imposible de creer pero que, efectivamente, es parte del pasado. Si se desea una experiencia un poco más reciente, pues ahí están los imperios coloniales que se crearon en América, Asia y África que dieron origen a la modernidad.
Hasta antes de la época en que se derrumbó el imperio romano, el siglo V después de la era cristiana, conquistar, apoderarse de la riqueza de otros, avasallar, conquistar, eliminar a quienes eran considerados como enemigos, era visto como algo asociado con designios divinos y cada quien recurría a la divinidad que mejor justificaba las guerras y las atrocidades a las que conllevan esas creencias. Con el cristianismo, los dioses que justificaron el mal se redujeron a uno solo, que se hizo cómplice de las atrocidades de las conquistas continentales. Así fue la conquista en Mesoamérica, los frailes permitieron que Calzontzin (en Michoacán) fuera quemado vivo (entre otros) y que las comunidades fueran arrasadas sin importar niños y mujeres indefensas.
No debemos olvidar que la narrativa del bien y del mal cuya matriz tiene su origen en la mitología evolucionó hacia las religiones que lograron desactivar el origen humano de la crueldad. En su lugar fue ubicada una potencia ajena a la vida terrenal que desde las creencias judías, las sectas cristianas, los griegos y la Iglesias católica, el bien y el mal fue depositado en una potencia divina a la que se le acreditó, además, el poder de creador de todo lo viviente/existente en el mundo. El control de la cultura ha impedido que ese frío que se sintió con las obras copernicanas que dejaron a la humanidad sin cascaron derivaran en potencias humanas capaces de dotarse de sus propias creencias, aunque la vida posterior siempre ha experimentado el desafío de esas creencias.
Freud, llega a una conclusión tajante en su obra fundada en la filosofía, la cultura griega, la psicología y la cultura occidental, además de su práctica profesional vinculada a la ciencia positiva: la maldad, el mal, es algo congénito en los seres humanos que ni las sociedades que aspiran al igualitarismo social podrán evitar. El padre del psicoanálisis nos colocó en una condición de fatalidad. Nietzsche, en su Zaratustra, nos muestra a un grupo de adoradores del dinero en torno a un burro de oro, adorándolo como dementes: la adoración del dinero es el empequeñecimiento de quienes han dado muerte a Dios. Para Marx, el mal, en la sociedad industrial, modificó su conducta y con ello logró, con la aparición del trabajo asalariado, ocultar la maldad.
Entonces, si el mal que se ha engendrado en los grupos criminales son una continuación y réplica de antiguas prácticas que, como en el pasado, buscan repetir experimentos sustentados en la maldad con el fin de reposicionarse en la estructura de bienes que otorgan riquezas y poder, como si la historia se repitiera y viviéramos lo que otros ya experimentaron en el pasado (como una especie de vuelta del poder de tipo nietzscheano) lo que se debe modificar es la sociedad en su conjunto, toda. Habla también de que la consolidación de los grupos criminales son el efecto del fracaso de las antiguas luchas sociales por crear sociedades igualitarias de inspiración marxista y que terminaron con el fin de bloque soviético.
Ahora bien, no debemos olvidar que antiguos grupos que operaron guiados por el mal, pero encubierto por una teoría de la cristianización o de llevar empleos a los pobres de las naciones menos desarrolladas han refinado en el presente con narrativas progresistas o primermundistas. En el fondo poseen un ADN que los hace proclives a sostener y proveer de energías a los grupos criminales que operan en el presente y que, hasta un cierto grado, son vistos como enemigos jurados únicamente en apariencia. De qué otra manera explicar el que en EU se vendan armas a los grupos criminales mexicanos y con cuyas armas establecen una diferencia con respecto al resto de la sociedad porque poseen la potencia de las armas que los distingue.
Me llamó la atención una declaración en la red "Tiktok", del "Popeye" que fue uno de los pistoleros y guardias del poderoso narcotraficante colombiano Pablo Escobar. Dijo que si volvería a ver a Escobar haría lo mismo, pero sin cometer tantos errores. Agregó, que iría en contra de los comunistas colombianos que querían apoderarse de su país. El mal, los grupos criminales, tienen una casa matriz que es el mal mayor: una sociedad imperial o neoimperial, o como se le quiera llamar, que surgió del vasallaje y el pillaje sobre pueblos y naciones. Esa casa matriz no desea por ningún motivo que regresen las ideas que, al menos en teoría, supieron atender de fondo las causas del verdadero mal: aprovecharse del otro.
En Jalisco, el mal no anda de viaje, se cuida que el negocio no vaya a sufrir un desajuste.
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