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Las botanitas de una familia porteña

Columna: Claudia Morales



Por: Rocío del Carmen González Ordóñez

Desde que era pequeña, siempre he estado muy orgullosa y contenta de vivir en esta bella ciudad y puerto de Coatzacoalcos Veracruz, son muchas las historias y recuerdos que vienen a mi mente, pero hay una vivencia en particular que es la que deseo compartir, involucra la tradición de una bonita y conocida familia de esta ciudad.

En la época de mis primeros diez años de edad, transcurría la década de los años 80s en la que aún no existían las tecnologías y dispositivos actuales, como los teléfonos celulares, tablets, y mucho menos había “redes sociales”, ni TV de paga, ni Internet; del mismo modo, el tiempo que se invertía en ver la televisión era muy poco. Así mismo, recién empezaba la euforia de los aparatos reproductores para cintas de películas que se rentaban en videoclubes, y en el caso de las familias con más recursos económicos: las “antenas parabólicas”, por lo que eran una nueva forma de entretenimiento y diversión, pero jamás por encima de la oportunidad de convivir, disfrutar, jugar y pasar gratos momentos en familia, ya sea con nuestros padres, nuestros abuelitos, tíos, tías y primos.

En el caso de mi familia la casa de mis abuelitos maternos, Ordóñez Rodríguez, estaba ubicada en el centro de Coatzacoalcos, en la cuarta de la calle Díaz Mirón, en esos años habitaban ahí mi abuelito Pepe y mis tíos Nacho y Pancho. Mis tías Malenita y Chayi junto con mis primos, vivían en la calle Nicolás Bravo casi esquina con Díaz Mirón, muy cerca del parque Margarita Maza de Juárez.

Mis papás, mi hermanita y yo recién habíamos regresado de vivir una temporada en la ciudad de Guadalajara, Jalisco; pero extrañábamos tanto a nuestra familia y nuestro querido Coatzacoalcos, que retornamos antes del tiempo previsto. Mis padres emprendieron una Farmacia en la calle Juan Escutia por el rumbo de una reconocida aceitera, que por cierto aún existe, cerca de un taller que daba servicio a los camiones del transporte público de la ciudad. En esa época nuestra familia tenía una bonita costumbre de reunirnos algunas noches de la semana en la casa de mi abuelito Pepe. Ahí, acudíamos todos los hijos y nietos, por la nochecita para saludarnos, platicar nuestro día a día, y los primos por supuesto para jugar, corretear en el patio y el callejón de la casa; además de la convivencia se hacían unas ricas botanitas en las que no podían faltar las aceitunas, el queso manchego, el jamón endiablado y las salchichas de lata.

En algunas ocasiones, sobre todo en las noches de mucho calor, las botanitas también incluían el entonces refresco de esos años, la coca cola “familiar”, que era en envase de vidrio color verde y contenía un poco más de 700 mililitros, sin embargo esa cantidad bastaba y sobraba para la sed de las mujeres y niños de la familia; mientras que mis tíos, mi abuelito y mi papá acompañaban las botanitas con unas bebidas más fuertes, para los grandes, como decía ellos, estas bebidas “todo con medida nada con exceso”.

Algunos viernes, las botanitas se extendían a la “cenita” que consistía en taquitos, ya sea de pastor de los “Tacos Gitanos” o de carne asada de la esquina de Revolución y Carranza o “tacos mantecosos” de la calle Carranza: de bistec, tripa, longaniza, ubre y considero que éstos fueron el antecedente de los actuales tacos de comal o del “mercado Morelos”.

En verdad que, esos momentos de convivencia eran tan hermosas, todos fuimos muy felices en esos años, nos disfrutábamos los unos a los otros. Esos días eran toda una aventura, al menos para mí empezaba desde el traslado que hacíamos de ida al centro en camión urbano ruta “Tierra y Libertad” o “Hidalgo Palma Sola” que se tomaba en la esquina de Juan Escutia y Constitución, mientras que, el regreso generalmente era en taxi; ya que las “botanitas” se prolongaban hasta pasadas las once de la noche, sin que eso fuera pretexto para que al día siguiente, tanto los mayores como los niños estuviéramos en tiempo y con entusiasmo en el negocio, trabajo o escuela.

Para mí estos hermosos momentos y recuerdos me hicieron y continuarán haciéndome muy feliz. Además de estar muy orgullosa de todos los integrantes de mi amada familia, porque siempre hemos estado con interés de querernos, cuidarnos y procurarnos entre todos. imagen-cuerpo


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