Durante años, hablar de "comer saludable" sonaba a consejo de abuela, a dieta pasajera o a tendencia de redes sociales. Pero la ciencia está dejando algo claro: comer bien no es una moda, es medicina preventiva.
Cada alimento que elegimos tiene un efecto real y directo en nuestras células, nuestras defensas, nuestro estado de ánimo... y sí, en nuestra esperanza de vida. Lo que pones en tu plato puede ser tu mejor escudo o tu mayor amenaza.
Estudios recientes publicados en The Lancet y BMJ muestran que una dieta basada en alimentos naturales, ricos en fibra, grasas saludables, proteínas limpias y antioxidantes puede reducir hasta en un 70% el riesgo de enfermedades como diabetes tipo 2, hipertensión, infartos o algunos tipos de cáncer.
Y no es teoría lejana. En países donde se sigue la llamada dieta mediterránea —rica en frutas, vegetales, aceite de oliva, pescado y semillas—, se vive más y mejor. Menos enfermedades, menos hospitalizaciones, menos medicamentos. Más vida útil, más energía, más bienestar.
En contraste, las dietas ultra procesadas, cargadas de azúcares refinados, grasas trans y sodio oculto, están detrás del aumento alarmante de enfermedades crónicas incluso en jóvenes. Y lo más grave: muchas veces no nos damos cuenta. Porque no sentimos el daño de inmediato. Pero el cuerpo, silenciosamente, va acumulando cada error.
La buena noticia es que nunca es tarde para cambiar. No hace falta hacer una revolución en la cocina. Basta con pequeños pasos: elegir agua en vez de refresco, sumar vegetales al plato, leer etiquetas, reducir lo que viene en envoltorio y aumentar lo que crece en la tierra.
La verdadera medicina no siempre viene en frascos o pastillas. A veces viene en forma de lentejas, de aguacates, de pescado fresco o de una ensalada colorida. Es la medicina silenciosa, cotidiana, la que no cuesta miles de pesos, pero vale millones en calidad de vida.
Cuidar lo que comemos no es solo una elección individual. Es un acto de responsabilidad hacia nuestra familia, nuestro sistema de salud y nuestro país. Porque cada enfermedad que se previene es un gasto menos, un sufrimiento menos, una oportunidad más de vivir plenamente.
Y esa, al final, es la meta: vivir más, sí... pero también vivir mejor.
Y todo puede comenzar con lo que decides poner hoy en tu plato.
#fernandopadillafarfan
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