Militares al mando de Duarte, detrás de desapariciones en Veracruz

Xalapa | 2021-09-26 | Bibiana Varela

“Si algo me pasa, te encargo a mi hija”, le dijo Alexander a su madre. Era como si una corazonada le advirtiera lo que estaba a punto de suceder ese 5 de diciembre de 2014, cuando hombres armados custodiados por militares lo sacaron de su casa.

Aquel viernes, el joven, de entonces 22 años, comía con su madre Ana Lilia López Ortiz y su familia, cuando de pronto, un grupo de aproximadamente 20 personas con chalecos antibalas y armas de fuego irrumpió en su vivienda, ubicada en el municipio de Amatlán de los Reyes.

-¡Al suelo! ¡Al suelo!- gritaron los pistoleros.

-¡¿Dónde está Alberto Figueroa?!

-¡No está!- contestó Ana Lilia aterrada.

Los hombres amarraron a cada una de las personas que se encontraban en la casa, incluyendo a dos adultos mayores de entre 80 y 90 años de edad, y posteriormente comenzaron a revisar sus credenciales de elector, hasta que llegaron a Alexander.

Al ver que su apellido coincidía con el de su padre, los presuntos sicarios comenzaron a golpearlo, hasta que finalmente lo sacaron del domicilio, lo subieron a una camioneta y se lo llevaron con rumbo desconocido.

Desde ese momento, no volvieron a saber de él.


Pese a tener solo dos años de haber sido creada, la Guardia Nacional también acumula quejas por presuntas violaciones de derechos humanos.

De acuerdo con el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro, en la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) existen 451 expedientes de quejas en contra de la Guardia Nacional, de las cuales, ocho son por privaciones de la vida, cuatro por desaparición forzada, 14 por tortura, 77 por trato cruel, inhumano o degradante y 151 por detención arbitraria.

No acaba el calvario

“Ya no más desaparecidos, por favor… estamos muertas en vida”, suplicó Ana Lilia al Gobierno.

Con lágrimas en los ojos, pidió a la Fiscalía General de la República que agilice las investigaciones y que den con el paradero de su hijo, para así terminar con el infierno que la ha consumido desde hace siete años.

“Si yo ya hubiera encontrado los restos de mi hijo, estaría con mucho dolor, pero sabría dónde llorarle (…) Lo he extrañado cada día, cada minuto, cada momento, cada noche… mientras yo lo nombre, jamás va a ser olvidado”.