Lozoya casi acaba con Pemex

Emilio Lozoya Austin no fue la perdición de Petróleos Mexicanos, pero sí una pieza clave para entender por qué la productividad y la sanidad financiera de la petrolera tocaron su peor fondo durante el sexenio (2012-2018) del ex Presidente Enrique Peña Nieto.

Las cifras oficiales indican que en los últimos 27 años, la productividad de las refinerías de Pemex decayó: menos 52 por ciento en la producción de crudo mexicano, y menos 34 por ciento en la producción de petrolíferos.

Lozoya casi acaba con Pemex

Asimismo, los datos de la petrolera indican que a partir de 2009 y hasta la fecha –salvo por unos episodios de pérdidas financieras en 1998 y 2001 –las finanzas de Pemex comenzaron a tener números rojos de manera sostenida.

Sin embargo, las peores caídas productivas y económicas tuvieron lugar entre 2013 y 2018.

En los sexenios de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y Vicente Fox Quesada (2000-2006) la productividad de crudo y de petrolíferos de las seis refinerías de Pemex, como proporción de su capacidad productiva, aumentó en 27 y 3.8 puntos porcentuales en promedio. En cambio, durante los años de gobierno de Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000), Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012) y Enrique Peña Nieto (2012-2018) la productividad decayó en 5.5, 13 y 50.5 por ciento, en promedio.

Acerca del balance financiero de la empresa, las cifras oficiales indican que entre 1993 y 2007 hubo un superávit positivo en Pemex. Es decir, los gastos no superaban a los ingresos de la compañía. Pero desde entonces la tendencia del superávit fue a la baja, y en 2009, comenzó la serie de pérdidas financieras que se extendió hasta el cierre de 2018.

Sin embargo, mientras que en el sexenio de Calderón el déficit financiero se agravó cuatro puntos porcentuales, durante el gobierno de Peña la caída fue de 31 por ciento.

LA PRODUCTIVIDAD CON LOZOYA

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Durante los años en que Emilio Lozoya Austin dirigió Petróleos Mexicanos, la producción de crudo de las seis refinerías de la petrolera decayó 24 por ciento.

Mientras que en 2013 las refinerías de Cadereyta, Madero, Minatitlán, Salamanca, Salina Cruz y Tula operaron al 79.5 por ciento de su capacidad, en 2016 operaron al 60.6 por ciento. Y para el cierre del sexenio de Enrique Peña Nieto en 2018, la capacidad productiva de las seis plantas se redujo a 50 por ciento.

Algo similar ocurrió con la producción de petrolíferos de las seis refinerías, que entre 2013 y 2016 decayó 23.4 por ciento. Al principio del sexenio, las refinerías operaron al 82.8 por ciento de su capacidad productiva. Pero para 2016, ésta se redujo al 63.5 por ciento.

En general, durante el sexenio pasado, la producción de petrolíferos tocó fondo al caer 50.7 por ciento entre 2013 y 2018.

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Los datos anteriores implican una cosas. Bajo el mandato de Lozoya entre 2013 y 2016, Pemex perdió la capacidad de producir 368 mil barriles de crudo por día y 180 mil 715 barriles de petrolíferos diarios, de acuerdo con datos consolidados de la Empresa Productiva del Estado.

En este contexto de pérdidas de productividad, las importaciones de petrolíferos en México fueron al alza en 35 por ciento real.

Las cifras de Pemex indican que en 2013, México importó el equivalente a 482 mil 962 barriles de petrolíferos diarios, o bien, el 31 por ciento de los combustibles y derivados petrolíferos a nivel nacional. Para 2016, el número de barriles diarios importados aumentó a 644 mil 399, que equivalen al 42 por ciento de los petrolíferos nacionales.

Lo anterior implicó que para 2016, México se vio en la necesidad de importar seis de cada 10 barriles de gasolinas automotrices, en lugar de los 4.5 que importaba, de manera diaria, en 2013.

Con la perdida de productividad de las refinerías y el aumento de la tasa de importaciones de crudo y de petrolíferos, la autonomía energética del país sufrió una recaída. Y las plantas de procesamiento de la petrolera continuaron a la baja productiva durante todo el sexenio pasado.

No obstante lo anterior, en el caso de las exportaciones de crudo se observaron ligeras variaciones.

Entre 2013 y 2016, las exportaciones mexicanas aumentaron 0.4 por ciento, al pasar de 1 millón 189 mil a 1 millón 194 mil barriles diarios. Pero al cierre del sexenio en 2018, las exportaciones de crudo decayeron 0.08 por ciento, en comparación con el volumen de exportación de 2013, al registrar 1 millón 188 mil barriles diarios.

EL BALANCE FINANCIERO

Bajo la tutela de Emilio Lozoya Austin, el balance financiero de Pemex fue deficitario, siguiendo la tendencia de pérdidas económicas registrada desde 2009, que continuaría inclusive después de terminado el sexenio del expresidente Enrique Peña Nieto.

Durante los años de Lozoya como director general de Pemex, las pérdidas financieras de Pemex aumentaron en 158 por ciento real, al pasar 39 mil 530 millones 050 mil 642 a 102 mil 4 millones 491 mil 581 pesos (corrientes de 2016).

Lo anterior se debió, sobre todo, a la carga financiera por impuestos y derechos del Gobierno Federal (equiparable al 52 por ciento de los ingresos de Pemex), así como a una recaída de los ingresos petroleros del sector público mexicano. Ello en un contexto en que la deuda consolidada de Petróleos Mexicanos aumentó en 113 por ciento, al pasar de 929 mil 767 millones 640 mil 457 a 1  billón 983 mil 171 millones de pesos (corrientes de 2016).

De acuerdo con las cifras de Pemex y de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), entre 2013 y 2016, los ingresos petroleros como proporción de los ingresos presupuestarios netos del sector público decayeron en 54 puntos porcentuales, al pasar de 35.4 a 16.3 por ciento.

Sin embargo, como punto positivo y a pesar de que los gastos generales de inversión de Pemex fueron a la baja en 24 por ciento entre 2013 y 2016, la inversión ejercida por Pemex en materia de transformación industrial aumentó 36 por ciento real, al pasar de 33 mil 213 millones 518 mil 544 a 45 mil 200 millones de pesos (corrientes de 2016).

Pese a que hubo crestas de inversión en algunos rubros productivos, muchas de las grandes inversiones de Pemex estuvieron marcadas por la corrupción y las pérdidas económicas derivadas de malas decisiones de inversión, de acuerdo con la Auditoría Superior de la Federación (ASF) y la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la SHCP.