Escándalo: recomiendan a niños bailarines fumar para controlar su peso

Termina un año de inflexión para la Ópera de Viena, no solo uno de los últimos templos de la alta cultura europea, sino también la institución más conservadora del continente en su concepto de la cultura. El pasado noviembre, por primera vez desde el «Don Giovanni» de su apertura, en mayo de 1869, fueron ofrecidos subtítulos en español y en chino, una concesión de la soberbia cultural centroeuropea y la rendición a la evidencia de que son los turistas internacionales los que mantienen en pie el excelso templo de la música.

Este año también ha sido programada por primera vez una obra de una compositora, el «Orlando» de la austriaca Olga Neuwirth, que aceptó el desafío con el objetivo declarado de «sacudir a la institución». Pero sin duda la mayor sacudida fueron las denuncias publicadas en abril por el semanario «Falter» acerca del trato que reciben los alumnos de su Academia de Ballet, creada en 1771, hoy una de las más prestigiosas de Europa y que atrae a solicitantes de todo el mundo. La comisión gubernamental que ha investigado esas denuncias confirma ahora que los estudiantes no reciben suficiente atención médica, sufren «cargas de entrenamiento que ponen en peligro su bienestar», así como un «desprecio general por el bienestar de la infancia».

Escándalo: recomiendan a niños bailarines fumar para controlar su peso

La directora de la Comisión, Susanne Reindl Krauskopf, desvela que incluso se ha estado aconsejando a los menores que comenzaran a fumar para mantenerse delgados. Y se les llamaba por sus nombres pero también por su talla de ropa. «Para la comisión especial está claro que los niños y adolescentes no están suficientemente protegidos contra la discriminación, el abandono y los efectos médicos negativos», concluye el informe.

Danzar bajo presión

«Métodos de enseñanza abusivos, anorexia, presión psicológica y física: las acusaciones son aterradoras», dice el artista y periodista cultural vienés Stefan Weiss.

«Durante décadas, una de las instituciones más prestigiosas del mundo de la danza ha estado utilizando métodos de un siglo anterior sin cuestionar seriamente el sistema». Weiss sugiere la necesidad de asumir que «el entrenamiento profesional de ballet no solo significa alta cultura, sino más bien un deporte de primera línea» y su veredicto culpa por igual a la dirección de la ópera, por no cuestionar las estructuras históricas, y a los padres de los alumnos, «que ponen la ambición ciega por encima del cuidado».

Todo artista sabe que el arte es más sublime cuantas más horas se le restan a la vida para su dedicación y que aprender ballet es aprender voluntad, dolor, disciplina y ciega claudicación ante el maestro. Hay que empezar desde niño y, si bien es cierto que la música y el baile son ricos recursos de la formación integral de la persona, también lo es que en sus más altos niveles de ejecución la persona y su salud desaparecen del primer plano de objetivos para quedar sometidas al juicio sobre su rendimiento. Hay exalumnos de Viena bailando en el Royal Ballet de Londres, el Mariinsky de San Petersburgo y el American Ballet Theatre de Nueva York. Sin la Academia no hubiera sido posible. Europa se pregunta ahora si los justos estándares de bienestar infantil permiten la continuidad de un arte que forma parte de nuestra identidad cultural.

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