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Diario del Istmo
Por Francisco J. Ávila Camberos
Columna:

Primer aniversario

Opinión

2019-12-02 | 09:43 a.m.
Diario del IstmoDiario del Istmo


La administración del presidente López Obrador cumple su primer año. Los resultados obtenidos hasta ahora han sido bastante controvertidos, lo que nos ha dividido en lugar de unir a los mexicanos.


Mientras hay un sector numeroso de la comunidad que sigue apoyando incondicionalmente al presidente, a pesar de que la inseguridad va al alza y la economía a la baja, el hecho de que AMLO haya anunciado durante sus prolongadas campañas un combate frontal a la corrupción y además, practique él mismo una austeridad republicana inusual, lo mantiene en altos índices de aceptación entre la población que hastiada del saqueo y del cinismo en que la clase política tradicional había caído, decidió votar por una alternativa distinta que ofrecía reiteradamente paz, seguridad, educación, empleo y crecimiento económico, aunque nada de esto último se haya logrado durante el primer año.


Por otro lado, un sector de la población menos numeroso, pero mucho más informado, ve cada vez con mayor preocupación que alguna de las acciones emprendidas por el actual presidente nos acercan a un régimen sin contrapesos que puede convertirse en un dolor de cabeza para todos los mexicanos.


Si alguien no lo sabe, debería enterarse que el Poder Ejecutivo está controlando ya al Legislativo y poco a poco haciendo lo mismo con el Poder Judicial.


Con los organismos autónomos pasa algo semejante. Controla a través de sus incondicionales a la CNDH, la CRE, la ASEA y está en vías deapoderarse del INE.


Un problema mayor es que ha puesto al frente de organismos de gran importancia a personas sin el perfil adecuado, que carecen de experiencia y criterio propio. Acabarán haciendo lo que se les ordene, cuando deberían ser quienes encendieran las luces de alerta al detectar irregularidades y desviaciones que advertidas a tiempo podrían evitarnos males mayores.


Dice nuestro presidente que vale más la honradez que la capacidad de sus colaboradores. No tiene que plantearse una disyuntiva tan extrema entre una opción y la otra. Debe contar con colaboradores que satisfagan ampliamente ambas cualidades. Poco puede esperarse de quienes son presuntamente muy honrados, pero totalmente incompetentes por falta de preparación y de experiencia.


Es como si alguien que requiere una cirugía, busca un doctor que es honradísimo, pero jamás en su vida ha operado. Las posibilidades de que salga bien de la operación son prácticamente nulas y más si el doctor aludido no lo es en medicina, sino en filosofía, por poner un ejemplo extremo, pero similar a lo que acontece dentro del gobierno de la 4T.

Hay que recordar que también es corrupción el aceptar un cargo si se carece de las competencias necesarias para lograr un buen desempeño.


Eliminados los contrapesos que eviten los excesos y ayuden a una sana conducción del país, queda un equivalente a viajar en un autobús con fallas severas en el volante, pero además sin frenos. Las posibilidades de tener un accidente grave son enormes.


Da la impresión de que el presidente se quedó anclado en el pensamiento económico de los años 70s, cuando el populismo desbordado de los presidentes Echeverría y López Portillo nos llevaron al derroche, al enfrentamiento, al estancamiento económico, a una inflación galopante y a una serie de devaluaciones que hicieron sufrir mucho a la población.

Da la impresión de que el presidente no se ha enterado de que el socialismo ha fracasado rotundamente como modelo económico, que los habitantes de Cuba y Venezuela viven en condiciones de precariedad y que para repartir la riqueza primero hay que crearla. Nadie puede repartir lo que no tiene.


Para crear riqueza se requiere certidumbre jurídica, inversión, empleo, infraestructura, educación, tecnología y también confianza. Estos factores no se vislumbran por ningún lado.

El presidente cree que regalando dinero es como muchas personas dejarán la pobreza. No ha entendido que esto sólo genera conformismo y dependencia.


El dinero regalado no sale de la nada. Cada peso gastado en dádivas, implica menos infraestructura, menos guarderías, menos servicio médico y menos medicinas. También, más endeudamiento. Tan grave es este problema que cada año la deuda sube casi medio billón de pesos, dinero que ni siquiera alcanza para pagar los intereses de lo que ya se debe.

Si el presidente actúa de buena fe, debería de escuchar las voces de los que sí saben, para generar las condiciones que mejoren nuestra maltrecha economía y abatan los índices delictivos. Si tan sólo esos dos rubros mejoraran, los mexicanos lo aplaudiríamos.


En mi opinión, este ha sido un año perdido. Como la esperanza muere a lo último, confío en que AMLO rectifique el rumbo y haga los cambios necesarios para enderezar las cosas, de tal manera que el 2020 resulte mucho mejor en todos los sentidos que el 2019. ¿Será mucho pedirle?. Creo que no. ¡México se lo merece!


¿No les parece a Ustedes?


Muchas gracias y buen inicio de semana.

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