Cobertura-Elecciones-2021

SUBJETIVO (Parte Final)



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Ilustradora: Aranza Aguirre

 

Andrea está sentada en el suelo de su anterior cuarto, cuando aún vivía con sus papás, se encuentra con las piernas dobladas y sus codos recargados sobre sus rodillas. Tiene la mirada perdida, sus ojos están rojos y se ven agotados, en las manos está la prueba de embarazo con un número cuatro en la orilla, hecho por ella misma con un plumón rosado, y con dos rayas rojas al centro de este. Entre sus piernas está Bunny, una conejita de peluche que le regalaron al cumplir ocho años. Desde entonces, cada que Andrea tenía miedo, Bunny está ahí para darle valor… hasta que creció, entró a la universidad y salió de casa de sus padres.  

El cuarto es amplio, de color lila y tiene mariposas pegadas en las paredes; su librero es de madera comprimida color blanco y hay fotos por todas partes: con sus amigas, sus perros, su familia. La esquina de la habitación es un espacio destinado para todos sus peluches, una montaña de ellos, cada uno es el residuo de algún novio o pretendiente que Andrea no se atreve a tirar. Tocan a la puerta y sin esperar respuesta su mamá entra sosteniendo una tabla con un vaso de leche y unas galletas de chispas de chocolate, la coloca frente a ella y se sienta a lado de su hija.

Andrea evita el contacto visual con su mamá y estira las mangas de su suéter para meter sus manos en él.

- Bunny se bañó ayer – dice su mamá dándole un pequeño empujón al recargarse ligeramente en su hija

Se asoma una sonrisa en los labios de Andrea. Alza a Bunny del suelo

- Eso vi, está más blanca de lo que recordaba.

- Por poco y no la cuenta

- ¿Por qué?

- Porque tu Lia, no sé cómo, la alcanza y ya la traía en el hocico por toda la casa

 - ¡No es cierto!

- ¡Sí! Y la canija salía corriendo cada vez que querías acercártele…

Andrea viste una sudadera holgada, pants de algodón ancho y tenis. No está maquillada y su peinado es una cebolla mal hecha al centro de su cabeza. Bunny está sentada a un lado de ella. Después de quince minutos de silencio absoluto dice.

- ¡No sé qué hacer!

- ¿Por qué?

Voltea a ver a la psicoterapeuta y mueve las manos como si estás pudieran expresarse con ellas

- ¡No sé!

- Está bien

- No, no haga eso

- ¿Qué cosa?

- Se supone que usted me ayudaría a tomar una decisión… ¿qué hago? ¡Dígame! ¿Qué debo hacer?

- Yo no te puedo decir que hacer, eso lo tienes que descubrir por ti misma. Estoy aquí para escucharte y guiarte a encontrar que es lo que realmente quieres para ti.

Andrea se recarga en el sofá, echa la cabeza para atrás y mira al techo. Coloca su brazo izquierdo sobre su frente.  Suspira.

- Se me está terminando el tiempo, ya voy a cumplir tres meses y medio desde… ese día.

- ¿Para qué se te está terminando el tiempo?

Los ojos de Andrea se humedecen. Respira profundamente para controlarse.

- El otro día hubo un pleito en mi familia por mi culpa. Estábamos cenando, mi papá compró comida italiana, es mi favorita. Comíamos en silencio…

Andrea gira la cabeza para poder ver a la doctora

- Casi todo lo hacemos en silencio, le empecé a tomar cariño. ¿Sabía que el silencio si tiene sonido? También tiene peso, temperatura y emociones – sonríe – me estoy volviendo loca… pero es cierto – ríe – Es fácil identificar en que humor está, hay veces donde se deja escuchar, no con cualquiera. Muchos oyen, pero pocos escuchan y hay un abismo de diferencia. Otra vez se deja sentir, es cálido y te arropa como… como si te dijera tranquila, no estás sola.

Andrea se limpia una lagrima de su mejilla.

Silencio

- ¿Qué paso esa noche en que estaban cenando?

- ¡Ah sí!

Andrea se reincorpora

- Estábamos los cuatro en silencio, mi mamá, mi papá y mi hermano, cuando mi mamá le dice a mi papá…

- Hay que comprarle ropa a Andrea, ya se le está notando la panza y la ropa ajustada no es buena para el bebé

Mi hermano deja de comer

- ¡¿Piensas tener a esa cosa?! ¿Estás pendeja o qué?

- ¡No le hables así a tu hermana! – Intercede mi mamá

- ¡Pues mira lo que estás insinuando!

- ¡A ti que te importa, no es tu decisión!

- Aún no decido que hacer – digo en voz baja, casi en susurros

Mi mamá se voltea y me mira con ojos horrorizados

- ¡¿Piensas matar al bebé?! ¡Él no tiene la culpa Andrea!

- ¿Y ella sí?  - la cuestiona mi hermano

- ¡Tú no te metas! – le dice a mi hermano

Después se voltea y me grita

- ¡Yo no crie a una asesina!

- Si tú tienes a esa cosa te olvidas de que existo.

- ¡Qué no le digas así!

- ¡Yo no voy a aceptar A ESA COSA! ¡Es como tener a su mini violador, su recuerdito! ¡Nombre que detalle!

- Después de eso aumentaron los gritos, se azotaron cosas…

- ¿Y tu papá?

- Él quitó su plato de la mesa y siguió comiendo – Sonríe – él no se mete en problemas. Una vez le pregunté que ¿por qué era así? Él me voltea a ver y me dice: ¿Alguna vez has tratado de calmar a tu mamá? No lo hagas, es mejor que se desahogue y se calme solita. La tormenta… no dura cien años, esa es siempre su frase.

- Es muy sabio tu papá

- Algo

- ¿Te parece si lo dejamos hasta aquí?

Andrea asiente con la cabeza y se pone de pie

- Nos vemos el jueves

- Nos vemos en dos días.

Andrea está recostada sobre su cama con Bunny en brazos, su papá abre la puerta sin avisar y, ella salta y trata de alejarse. Su papá levanta las manos y se queda quieto bajo el marco de la puerta.

- ¡Lo siento! No quería asustarte

Andrea se recupera

- No, no, soy yo. Perdona.

Su papá le sonríe tiernamente.

- Te traje algo

Saca, del bolsillo trasero del pantalón, un folleto sobre el aborto del Hospital Nacional, se lo pasa y regresa al marco de la puerta. Andrea lo voltea a ver sorprendida.

- Tú, ¿si estás de acuerdo?

- ¿Eso importa?

Andrea baja la mirada

- Para mí sí – responde ella en voz baja

Su papá asiente

- Cuando estabas pequeña podía decirte que hacer, porque a esa edad uno no ve más allá de nuestras decisiones. Pero ya creciste, eres una adulta y lo único que puedo hacer es darte mi opinión. Muchos te podrán decir, opinar y hasta tratar de mandar… a esos mándalos por un tubo. El punto es que tienes que tomar tus decisiones por ti, no por los demás. Si a ellos no les gusta o se enojan pues será su problema y si se alejan ya te habrás quitado un lastre de tu vida… aunque sea tu propia familia.

Andrea siente una opresión en el pecho, por un segundo no puede respirar, inhala y exhala entrecortadamente por la boca y se suelta a llorar. Su papá coloca su mano sobre la manija de la puerta y aprieta con fuerza para no acercarse a ella. Para sorpresa de él, Andrea se pone de pie sobre y corre a abrazarlo. Él cubre a su hija con sus brazos.

- Te amo Andrea. Perdóname por no poder protegerte.

Se suelta a llorar con su hija.

 


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