Relatos de un Caminante de la Tierra

Columna: Caminata del Renacimiento Mexicano



He tenido la oportunidad de caminar con un grupo de personas que decidieron dedicar sus pasos a la Tierra.


Hemos caminado muchos senderos juntos, senderos que han resguardado la memoria antigua, senderos con los que hemos reforzado los enlaces   energéticos desde la Ciudad de México, Tula, Teotihuacán, Cholula, Cantona, la Malinche, Cempoala, Quiahuixtlán, ahora hasta Tlacotlalpan, próximamente Catemaco...  En este caminar he encontrado personas, animales, plantas de cada región. Muchas tradiciones y culturas, las cuales puedo mirarlas de forma unificada, mas allá de las diferencias y de las creencias. Andar por esos senderos, ha hecho que terminemos asoleados, empapados, perdidos, lastimados, sorprendidos, deleitados,  jubilosos y mucho más, pero sobre todo cada vez más enamorados de nuestro México.


Caminamos en estas regiones del planeta que nos da sustento y gracias al cual existimos, conformamos y compartimos la vida. Nuestro objetivo es simple, conocer a través de las plantas de nuestros pies las diversas regiones de nuestro México, para enlazar y sembrar el fuego sagrado del renacimiento mexicano en cada uno de los puntos de poder, en los cuales se buscan los encuentros de unidad, la base del ser, eso que nos une. Y en este sentido, ¿que nos une como mexicanos?, ¿qué nos une como seres planetarios?.


Durante el caminar en los valles y las montañas me percibo como un organismo más que conforma la vida de México.   Aquí no hay títulos, no hay diferencias con cualquier otro caminante. En esta sensación me integro a un pensamiento base y de aquí me integro con mis otros hermanos caminantes.  


Al caminar he aprendido a no parar, a continuar hasta alcanzar la meta definida, y en el camino, disfrutar del paisaje y de los alimentos regionales. He sentido el escuchar el canto de las aves y sonidos de la Tierra, el susurro de los arroyos, el grito de las tormentas. Al caminar he sentido el escurrir del agua en plena tormenta, el frío y el calor en ocasiones,  he cantado, he orado, he mantralizado, he tocado el tambor para apoyar la marcha, he sentido mis pasos por la piel de la Tierra, la Pacha Mama, la Tonantzin, la Vida, vida que florece y emerge como milagro para después entregarse a la muerte y al ciclo virtuoso de la existencia. 


Al caminar he percibido ese algo que entra en mí en cada respiro, he sentido el aroma del incienso que acompaña nuestros pasos, he portado la bandera Guadalupana y de la Tonantzin-meztli. El caminar me ayuda a percibirme como parte integral de la Tierra, ser parte de ella y en esta región ser parte de México.


Hace unas semanas observaba la historia de este país a través de las danzas en un espectáculo en Xcaret (Quintana Roo, México), y no pude contener mi emoción de sentir cada paso y cada danza como míos. Danzar y caminar en el tiempo, en la historia y en muchas regiones del cual soy parte integral y consciente de serlo.


Ahora, como profesor universitario comparto mi sentir por la vida, por México. Me busco en cada ser vivo para compartir mi relato de vida, tomo la mano de otros caminantes que juntos nos integramos a la vida por esta región.


Esta ha sido mi experiencia como caminante, recordando en cada paso mi experiencia como célula de este país en la cual dedico mi experiencia para el aprovechamiento de todos.


Buscando un Abrazo, una respiración sincronizada con todos los seres de esta región para que la propiedad emergente de los humanos se manifieste libremente, y evolucionemos en conciencia, en virtudes y en amor como especie, como humanidad, haciendo de esta hermosa casa común, un lugar mejor para todos los que están en pleno crecimiento y están por venir.


Jorge Flores, Rafael Aluni, Enrique Quezadas, Dorian Antuna, César Daniel González Madruga “El Siervo”, Adriana Morales Ortiz “Colibrí”.


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