Francisco J. Ávila Camberos

Columna: Francisco J. Ávila Camberos



El retiro de la estatua de Cristóbal Colón es un atentado a la memoria histórica del país y una falta de gratitud para quien con su valor y tenacidad logró que se diera el encuentro entre dos mundos diferentes.

 

Es el triunfo del rencor, la ignorancia y los prejuicios sobre la razón y la objetividad.

 

La historia es como es, no como pretenden algunos que hubiera sido. No se puede cambiar.

 

Quienes intentan reescribirla, no siempre lo hacen buscando la objetividad, sino frecuentemente tratando de imponer su ideología y en no pocas ocasiones promover enfrentamientos que distraigan a los ciudadanos, para que no notemos lo que acontece en el presente.

 

No podemos juzgar hechos sucedidos hace 500 años con la óptica del siglo XXI.

 

Es cierto que las conquistas no son historias color de rosa. Hubo abusos de los protagonistas, pero también hechos luminosos plagados de generosidad, porque con la conquista llegaron los misioneros y educadores. Estos fueron los principales protectores de los naturales y sirvieron como contrapeso para frenar los abusos.

 

Por otro lado, hay que tomar también en cuenta que los aztecas sojuzgaban y explotaban tanto a sus vecinos que éstos se unieron a Cortés y lo ayudaron en la conquista de la Gran Tenochtitlán.

 

Recordemos que en esa época México como nación no existía. Vivían aquí pueblos diseminados en un vasto territorio que hablaban distintas lenguas y adoraban a diferentes dioses.

 

No había nada que los uniera. Estaban permanentemente enfrentados. Practicaban los sacrificios humanos y en algunos casos hasta el canibalismo.

 

Con la llegada de los conquistadores se empieza a tener un mismo idioma y una misma religión. Esto genera identidad y unidad. Se empieza poco a poco a dibujar lo que después sería México.

 

La conquista trajo también la rueda, el arado, la imprenta, las escuelas, la universidad, los hospitales, los orfanatorios, los asilos, la vaca, el caballo, los animales de tiro, el cerdo y las ovejas.

 

También los puentes, las calzadas, los acueductos y un Dios que no exige sacrificios humanos, sino que Él mismo se sacrifica para salvar al hombre.

 

Llega con la conquista el intercambio comercial y cultural con Europa y Asia, lo que trajo múltiples beneficios.

 

Cuando México era la Nueva España, tenía 4.1 millones de kilómetros cuadrados. Esa herencia la recibimos de España cuando nos independizamos.

 

Precisamente por las divisiones en que hemos estado inmersos durante 200 años y por los rencores astutamente sembrados entre nosotros por quienes no desean que progresemos, terminamos enfrentados y perdimos más de la mitad de nuestro territorio a manos de una nación más fuerte que la nuestra, gracias a su sistema basado en la libertad de emprender para impulsar el desarrollo. Ese país pronto nos rebasó y se convirtió en una potencia, mientras aquí seguimos durmiendo el sueño de los justos, pensando en avanzar mucho trabajando poco.

 

Conclusión: No podemos renegar de nuestro pasado, ni olvidar nuestro origen. No debemos tampoco dejarnos manipular, ni permitir que nos sigan dividiendo. El pasado ya se fue.

 

Si queremos un mejor futuro, necesitamos luchar desde ahora por tener un mejor presente.

 

Este se labra con unidad, educación, concordia, trabajo, esfuerzo, perseverancia y productividad. No con discursos demagógicos, ni con apoyos clientelares.

 

No les parece a Ustedes?.

 

Muchas gracias y buen fin de semana.


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