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La vacuna del COVID-19: una lección de perseverancia

La vacuna del COVID-19: una lección de perseverancia
La paciencia es una de las virtudes indispensables para poder tener una vida armoniosa y feliz, y también es una de las cualidades que más se han visto afectadas debido a los avances tecnológicos. Cada vez nos acostumbramos más y más a tenerlo todo en el momento en el que lo deseamos: ¿hambre o sed? Hay una aplicación para eso. ¿Ganas de comprar algo sin tener la liquidez? Hay planes de pagos fijos. ¿Terminaste una relación y quieres otra pareja? En un par de clicks se te ofrecerá –y serás parte de– un catálogo de personas en la misma situación que tú. Nada de esto es malo por sí mismo, sin embargo, la urgencia de la satisfacción de los deseos puede volverse en un grave problema si no aprendemos a controlarla.

Y para reconocer la importancia de esta virtud, te compartimos la historia de la bioquímica húngara Katalin Karikó. Invirtió varias décadas –cuatro, para ser precisos– desarrollando tratamiento y vacunas con base en técnicas que no se usaban ni le parecían prometedoras a los inversionistas. Ella comparte que recibió cartas de rechazo, una seguida de otra, diciéndole que su propuesta no era lo suficientemente buena para invertir en ella. Y ahora, varios años después de los constantes rechazos, su trabajo se cotiza en millones de dólares al ser la tecnología detrás de la vacuna de COVID-19 de las empresas Moderna y BioNTech. No solo consiguió monetizar su trabajo, sino que está haciendo sus sueños realidad al ser una de las personas clave en la terminación de la pandemia que actualmente vivimos.

Esta es tan solo una de las historias que dejan claro uno de los dichos populares más acertados de todos: el que persevera, alcanza. Hay tanto casos de la vida real como escenarios ficticios –la fábula de la liebre y la tortuga– en donde el mensaje es claro: la paciencia es una virtud que vale la pena desarrollar. Después de todo, las cosas buenas suelen tomar tiempo, y Roma no se construyó en un día. Sin importar qué tan adversas parezcan las circunstancias, si hacemos al igual que la doctora Karikó y nos mantenemos con una paciencia y determinación que no cambien con el paso del tiempo, es inevitable que lleguemos hacia donde estamos yendo. Así que por más amargas que sean las raíces del árbol de la paciencia, quienes han probado sus frutos atestiguan que son los más dulces de todos.