Por Raymundo Jiménez
Columna: Al pie de la letra
Septiembre, clave para Yunes
2019-08-08 | 07:23:51

Desde que en la sucesión estatal de 2004 su némesis, Fidel Herrera Beltrán, le arrebató la candidatura del PRI a la gubernatura, Miguel Ángel Yunes Linares renunció al partido tricolor y decidió migrar hacia el PAN, perfilando primero a su primogénito Miguel Ángel Yunes Márquez como cabeza de playa en el instituto blanquiazul, a cuyo crecimiento electoral en el estado había abonado durante su desempeño como secretario general de Gobierno entre 1992 y 1997 para revertir el auge del movimiento neocardenista que había surgido en la sucesión presidencial de 1988 y que un año después se institucionalizó con la fundación del PRD.


Luego de su junior, a quien inicialmente impuso como candidato del PAN a diputado local por la cómoda vía plurinominal, para después saltar en 2007 a la alcaldía de Boca del Río, Yunes Linares impulsó posteriormente a su otro hijo, Fernando, cuya ruta en el panismo inició también en el Congreso del estado, en 2010, para dos años más tarde brincar al Senado de la República como candidato electo de primera minoría en una presunta negociación que el propio jefe del clan yunista habría pactado con el entonces gobernador Javier Duarte, quien se había comprometido a asegurarle el triunfo en Veracruz a su correligionario Enrique Peña Nieto en la sucesión presidencial de 2012.


En 2010, Yunes contendió por primera vez por la gubernatura, pero fue vencido por Duarte. En 2016 llegó al poder, pero solo para un corto periodo de dos años, por lo que en 2018 quiso prolongar un sexenio más su mandato a través de su primogénito, pero fue avasallado por Andrés Manuel López Obrador, quien catapultó al gobernador Cuitláhuac García.


Esta vergonzosa derrota se la pudo haber evitado si hubiera tomado en cuenta la opinión que oportunamente le externó su compañero de partido, Juan José Rodríguez Prats, quien desde el 8 de diciembre de 2016 le había advertido que “por favor no intente heredar el cargo a uno de sus hijos” porque “sería el colmo del nepotismo”.


Pero el propio Rodríguez Prats había concluido que Yunes jamás se ha identificado con la doctrina ni con las tradiciones del panismo. Es más, terminó dándole la razón al desaparecido exdirigente nacional del PAN, Carlos Castillo Peraza, quien decía que “todos llevamos un priista en nuestro interior.”


“En el caso de Yunes, no es pequeño y sí bastante mañoso. Los panistas temen que pretenda hacer del partido una dependencia del gobierno, sin respetar sus prácticas democráticas y sus ordenamientos internos. Los próximos dos años en Veracruz serán cruciales”, alertaba entonces.


Ahora, el 8 de septiembre próximo, luego de que los tribunales electorales anularon el fraudulento proceso interno anterior que pretendía imponer en la presidencia del CDE al yunista José de Jesús Mancha Alarcón, el panismo veracruzano elegirá a una nueva dirigencia estatal.


Ahí se definirá también la sobrevivencia política del exgobernador y de su clan, obsesionados por recuperar en 2024 el poder.

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