Por Heder López Cabrera
Columna: Entornos
El comunismo Mauricio Clark
2019-06-25 | 11:02:26

La semana pasada el periodista Mauricio Clark se colocó en el ‘ojo del huracán’ luego de su controvertida participación en una mesa redonda del programa ‘Hoy’, por sus declaraciones fuera de lugar respecto a la Comunidad LGBTTTIQ+, en las que impuso sus lamentables vivencias como verdad absoluta, e incluso, involucró al gobierno de Andrés Manuel López Obrador de estar detrás y de enfocar este apoyo a manera de comunismo.


Si bien Mauricio Clark está en todo su derecho de opinar, hay que sustentar lo que se dice, sobre todo por la exposición que tiene en un medio masivo como lo es la televisión abierta, además del alcance en redes sociales, pues más allá de pretender ayudar a generar mejores condiciones de salud en la vida de la Comunidad LGBTTTIQ+, el dar por hecho sus experiencias como una generalidad es más un discurso de odio y discriminación.


Desde hace décadas tanto lesbianas, gais, bisexuales, transexuales y una larga lista de personas en la diversidad sexual sostienen una lucha por el reconocimiento de sus derechos, para que el hecho de tener preferencias sexuales diferentes no sea un tema de discriminación y de degradación, batalla que también emprendieron de forma milenaria otras minorías como los indígenas, pues a todos se les estigmatiza como ciudadanos de segunda.


SE OLVIDA DE LAS LEYES


De acuerdo al Artículo 7 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Todos los seres humanos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación”, sin embargo, esto es letra muerta no sólo en México, sino en muchos países.


De igual manera el Artículo 1 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos no sólo en esta Carta Magna, sino en los tratados internacionales de derecho (Consultar http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/htm/1.htm), además que prohíbe todo tipo de esclavitud motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.


Y pareciera que a Mauricio Clark se le olvidó que hay leyes que nos rigen tanto nacional como internacionalmente, que privilegian los derechos humanos, lo cual me parece grave más en él que en otra persona, ya que es periodista y quien se precie de ser periodista debe tener en cuenta que las opiniones deben emitirse sin atacar los derechos de terceros o perturbar el orden público, tal como lo dice nuestro Artículo 6, en lugar de anteponer el Artículo 7 con la libertad de expresión. 


INTOLERANCIA AL MÁXIMO


Fue vergonzoso ver cómo ni siquiera permitió que dos de las panelistas tuvieran la oportunidad de emitir una opinión al ser una mesa redonda y acaparar los reflectores para imponer ideas erróneas, eso es coartar la libertad de expresión y eso él lo sabe muy bien, mejor que nadie.


Es válido estar en contra y opinar, siempre y cuando no pasemos por encima del derecho que otros tienen para fijar una postura. Es aquí donde Andrea Legarreta se lleva muchos aplausos al dejarle en claro al periodista de espectáculos que lo que la homosexualidad le ofreció a él es precisamente a consecuencia de sus decisiones y no porque esto sea una pauta en el resto de los gais, pues hay quienes dignamente asumen esta preferencia sexual sin caer en los excesos de Mauricio Clark, que dicho sea de paso, no son privativos de la Comunidad LGBTTTIQ+, pues hay personas heterosexuales que tienen estas prácticas y no se les juzga.


Lo ocurrido la semana pasada fue una cátedra de intolerancia.


INTROMISIÓN DE GRUPOS RELIGIOSOS


Pero lo peor no fue que no permitiera las opiniones, sino reconocer que detrás de él hay religiosos y empresarios –quizá grupos Provida- impulsando su postura retrógrada y discriminatoria hacia la Comunidad LGBTTTIQ+, disfrazándola de un asunto de salud y culpando de esto a la ‘ideología de género’, término que fue acuñado por ellos y no por la Comunidad LGBTTTIQ+, a la que todavía, en pleno Siglos XXI, se le considera como enferma mental, pese a que en 1990 la Organización Mundial de la Salud excluyó a la homosexualidad  de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud.


Es lamentable que pese a haber evidencia científica que avala esto, todavía persistan la intolerancia y las etiquetas, pues el tener preferencias sexuales diferentes no nos vuelve aberraciones; todos, nos identifiquemos con una u otra, somos personas y resulta patético que el reconocimiento que el presidente de la República Mexicana haga para garantizar la igualdad y respeto a este sector, sea considerado por Mauricio Clark como un acto de comunismo.


Habría que preguntarle a todas aquellas personas que están contra la Comunidad LGBTTTIQ+ si les incomoda que parte de los impuestos que pagamos también vienen de este sector, porque ahí sí todos somos iguales y no existe la discriminación.


Lo anterior demuestra, que si bien hay avances para el reconocimiento de la Comunidad LGBTTTIQ+, estamos a años luz de presumir a una sociedad incluyente no sólo de este grupo poblacional, sino de otras minorías, que son tan mexicanos como quienes están en su contra.


Debemos dejar vivir y respetar al prójimo, eso es el verdadero amor de Dios o cualquier deidad en la que usted tenga fe; en el ‘Ambiente Gay’ no todo es promiscuidad y descaro como se pretende hacer creer, también hay seres humanos que día a día contribuyen a hacer de éste un lugar mejor para las nuevas generaciones; desde aquí mi reconocimiento y un abrazo a todos aquellos que en la Comunidad LGBTTTIQ+ se preocupan por dignificar sus preferencias.

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