Por Maquiavelo
Columna: Se dice
La mejor novela de Veracruz
2019-03-11 | 07:53:22

Tuvieron que pasar varios años para que trascendiera el gran robo que se fraguó al final del gobierno de Fidel Herrera y se le entregara un predio de 80 hectáreas en el puerto de Coatzacoalcos al empresario chiapaneco Antonio Macías, suegro del exgobernador y recluso capitalino Javier Duarte de Ochoa.


Un lugar privilegiado para establecer el mayor corredor industrial del sureste del país, con modernas instalaciones con las mejores vías de comunicación terrestres y marítimas.


Un negocio redondo que se podía manejar sin ningún esfuerzo y que se supone que solo tendría a grandes ganadores... para repartirse utilidades multimillonarias entre este par de personajes: Karime y Tony Macías.


Se mantuvo en secreto y cualquier empresario que quisiera invertir y crear una importante fuente de empleos, tenía que pasar por la pesada báscula del chiapaneco, el consentido de dos largos sexenios de corrupción de los priístas.


Se conoce entre el pueblo de Coatzacoalcos como el gran robo del siglo. Se ignora el particular convenio que existió desde un principio, entre el entonces subordinado y apocado subsecretario de Finanzas y el gobernador de Veracruz.


El haberlo dejado como su sucesor era por la existencia de una fundada amenaza del entonces presidente panista Felipe Calderón, que lo obligaba a que tenía que dejar que Miguel Ángel Yunes Linares llegara al gobierno de Veracruz, y además advertido que lo iba a meter a la cárcel al poner al descubierto la administración fidelista, fue por eso que se inclinó por el supuesto servicial y voraz cómplice Javier Duarte, quien desde el primer año de su gobierno lo designó por su forma sumisa y obediente, como el dócil y manejable subsecretario, que podía manejar las finanzas y repartir el dinero del pueblo de Veracruz.


De que la supo hacer Duarte de Ochoa… no hay la menor duda, tenía el don de adivinar lo que quería o soñaba la influyente primera dama doña Rosa Borunda.


Nunca pensó el Tío Fide que en el segundo año del gobierno de Duarte sería desconocido y le retiraría los apoyos económicos y materiales que tenía por parte de su ahijado político.


La orden terminante era dada por la persona que mandaba en la administración estatal en ese entonces, la señora Karime Macías.


Las mujeres supieron dominar a su antojo al acomplejado e inhábil gobernante, la astucia adquirida en el gobierno estatal de Quintana Roo, le permitió a Gina Domínguez, disponer lo que se debía hacer, en cuanto al manejo de los medios de comunicación, para que al final se quedara con algunos de ellos.


Supo el sexo femenino que rodeaba al flojo y alcohólico mandatario quien con una gran improbidad podían tergiversar con suspicacia la debilidad del ejecutivo estatal, para negarse a lo que le solicitaban y dejar que se repartieran el gran botín de los recursos federales y estatales. Siempre y cuando él fuera salpicado.


Al exgobernador Herrera Beltrán lo despojaron de lo que tenía, hasta las camionetas con todo y ayudantes le fueron retirados.


Un rompimiento total que no hubiera ocurrido si hubiera dejado a Héctor Yunes Landa o a Reynaldo Escobar como sus sucesores, el desarrollado instinto de la confianza y lealtad le falló al Tío.


Para escribir una novela best seller de ciencia ficción existen los más variados temas alucinantes de las pasadas tres administraciones estatales, el reparto de los protagonistas principales,son los gobernantes, quienes son los mejores actores, se aprendieron de memoria el corrupto papel a desarrollar en la insegura entidad.


 

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