Por Marco Antonio Medina Pérez
Columna: Resistencias al cambio
Resistencias al cambio
2019-02-18 | 20:28:03

Es muy respetable la opinión de algunos de sectores de la Iglesia católica en Veracruz, sus preocupaciones por mayor seguridad pública, contra la corrupción o por mayores resultados en la gestión pública.


En una democracia como la que estamos viviendo en la Cuarta Transformación todas las opiniones que sin trasfondo político se viertan para mejorar el estado en todos sus aspectos son bienvenidas.


No obstante, es de remarcar que muchas de las apreciaciones de diversos sectores se expresan cuando aún no se cumple ni 3 meses de ejercicio de gobierno, algo que no se hacía con los anteriores gobiernos.


Es cierto quela libertad de la que se goza permite que los que no alzaron la voz ni hicieron hacer sentir su peso para corregir los evidentes malos pasos en que andaban los gobernantes, ahora puedan expresarse con toda amplitud. Y que el desastre económico y político que nos dejaron acicatee las ganas de apurar el paso. Pero no puede invocarse esto para empujar en un sentido sin convocar a todos a poner nuestro granito de arena.


Todos los veracruzanos coincidimos que queremos mejores estadios de vida. Ello se podrá lograr si y sólo si construimos un nuevo clima de apertura y participación de todos, en donde la legalidad que sostiene el estado de derecho y la democracia que garantiza nuestras libertades sean común denominador; en ellas la opinión de todos se respeta, como es respetable la opinión de la Arquidiócesis de Jalapa. Pero al mismo tiempo es necesario vencer las resistencias que se oponen al cambio.


Para nadie es un secreto que el proyecto de transformación del país, y de manera particular el que se está dando en Veracruz, impacta demoledoramente en aquellos núcleos de poder que operaban para beneficio propio sin tomar en cuenta el bienestar social. Se servían con la cuchara grande exorbitantes recursos que se desviaban de su propósito de beneficio público.


En cada punto de la vida pública del país en donde el gobierno de Andrés Manuel López Obrador pone un dedo, comienzan a brotar como en alcantarilla abierta irregularidades y corruptelas. Como fue en el caso de los sueldos exorbitantes, de los moches en el presupuesto, del negocio aeroportuario, del huachicoleo, ahora se niegan a regularizarse los negocios particulares de las estancias infantiles, que al recibir subsidio público no daban cuenta íntegra de él ni los beneficios eran para los destinatarios naturales, los padres de familia. Ahora todos los sectores se tienen que ajustar al Estado de Derecho y a reglas claras, transparentes y justas para todos.


En Veracruz acabamos de vivir una resistencia que se expresó en toda su magnitud con la coalición de múltiples intereses. La remoción del fiscal Winckler no ha llegado a su término porque representa un reducto inapreciable del antiguo régimen. Un auténtido “fiscal carnal”, impuesto a propósito para no dejar pasar ninguna denuncia contra el anterior gobernante, representa también la prolongación de la impunidad para muchos otros: Él y su ejército de fiscales regionales. ¿Cuántos exfuncionarios de diversos partidos se sentirán amenazados con un ejercicio correcto de la procuración de justicia? ¿Cuántos implicados habrá también de otros sectores sociales, los que tuvieron cercanía con el poder en turno y fueron cubiertos también con el manto de la impunidad?


Lo cierto es que la Cuarta Transformación sigue avanzando en la medida en que se abre la conciencia colectiva a los grandes desperfectos que se encuentran a cada paso. Y en materia de justicia se abrirá sin duda no sólo una mayor conciencia sino una gran acción movilizadora de la sociedad para exigir sus derechos. Y ahí caerán todos los Wincklers que aún queden.

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