Por Emilia Ramírez Soto
Columna: Todo comunica
Combate a la corrupción, hay que pensar diferente para vencerla
2018-10-17 | 08:23:16

La corrupción es un asunto de interés para la ciudadanía y sus gobernantes. El tema se debate y se sanciona moralmente en los diversos medios de comunicación y las redes sociales; es reconocido por todos como un problema de confianza grave y un obstáculo para el desarrollo de México,sin embargo, es una práctica cotidiana de políticos, servidores públicos y ciudadanos que habitan en todo el territorio nacional.


En las encuestas de opinión pública se le analiza como un factor que deben enfrentar las instituciones en sus estrategias y políticas públicas, cuyo efecto más desalentador, y que rebasa todas las preocupaciones, es que la corrupción afecta directamente la impecabilidad y operatividad del contrato social entre gobierno y ciudadanía al trastornar la naturaleza de una relación en la que los funcionarios públicos no dan lo que se espera de ellos,y la ciudadanía no asume la parte de corresponsabilidad que le toca al no resistirse a practicarla para facilitarse la solución de un inconveniente menor, mediano o mayor.


En el año 2000 México vivió la oportunidad histórica de renovar su contrato social, en el cual el combate a la corrupción tuvo un importante lugar. Los ciudadanos decidieron que el gobierno debía estar encabezado por un grupo político distinto, acompañado de un nuevo estilo de hacer política,que implementó una Comisión Intersecretarial Anticorrupción el mismo día que inició su mandato y nos heredó la Ley de Acceso a la Información y la Ley del Servicio Civil de Carrera. ¡Adiós a los secretos y a la instalación de perfiles inadecuados en puestos especializados!


La tecnología también ha tenido un papel destacado en esta tarea. El sistema de compras electrónicas se ha fortalecido, el pago de trámites y servicios son ejemplo de creatividad para reducir los riesgos de corrupción.Han pasado 19 años de ese entusiasta esfuerzo, se avanzó mucho, pero falta un ingrediente que no se ha trabajado con una estrategia que ponga en la lona a la corrupción. ¿Y cuál es? Pues nada más y nada menos que el componente ciudadano.


Si bien es cierto, que la corrupción fustiga al gobierno que la tolera, no podemos omitir que mientras exista demanda, habrá oferta. Se necesita trabajar desde la familia ciudadana y desde el sector educativo una forma distinta de pensar, que tenga la fuerza de romper el círculo vicioso de la corrupción que tanto lastima a México.


En 2018, la ciudadanía toma la decisión de cambiar de régimen; Andrés Manuel López Obrador no logró el triunfo comprando votos, lo cual es el primer golpe contundente contra la corrupción y en donde el sistema de recompensas, conocido y practicado por los triunfadores, no es aceptado. Es una cuestión de pensar diferente, para que desde cualquier trinchera uno a uno todos los mexicanos digamos: No a la corrupción. ¿Lo lograremos esta vez? Todo un desafío para el gobierno de la cuarta transformación y para la sociedad.

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