Por Yuriria Sierra
Columna: Edomex y sus candidatos del siglo antepasado
Edomex y sus candidatos del siglo antepasado
2017-05-21 | 12:31:02
Me parece inconcebible que los asuntos de Derechos Humanos sigan estando tan terriblemente malentendidos en nuestro país, y en tantos terrenos. Y es que se trata de que todos, querido lector, todos, estemos arropados por el Estado. Que podamos desarrollarnos y tomar las decisiones que creamos convenientes. Que podamos vivir en sociedad, no importa en lo que creamos.
Me resulta aún más impensable, que esta batalla todavía esté estancada, que quienes en teoría tendrían que ser entusiastas para el impulso de leyes mucho más incluyentes, sigan respondiendo que “ellos creen en la familia”, que “eso lo decidirá la mayoría” (bajo ese criterio, si los derechos de las minorías tuvieran que someterse al visto bueno de las mayorías, las personas de raza negra jamás hubieran podido votar, o tendríamos que aceptar que los cristianos pudieran ser legalmente segregados o masacrados en Oriente Medio, o bajar la cabeza y guardar silencio si en Estados Unidos violentan a los mexicanos, etcétera. Ése sería el criterio: mayorías que aplastan minorías).
Hace unos días escribí sobre la obsesión por el cuerpo ajeno, de entre los varios motivos, por lo que ocurre con el tema de la interrupción del embarazo y la discrepancia con la que se castiga en algunos estados del país.
Ahí retomé lo que días antes Alfredo Del Mazo dijo sobre los matrimonios entre personas del mismo sexo y su derecho a adoptar. Refería que hasta Josefina Vázquez Mota, candidata de un partido más conservador, sonaba más abierta y progresista en lo referente a esos temas que el candidato del partido que, supuestamente, es de centro.
Ayer, Javier Risco en su columna de El Financiero, dedicó su espacio para un mensaje a los hijos de Del Mazo: “Me preocupa lo que piensa (su papá), pero me preocupa más la manera en la que los forma a ustedes, no lo merecen y no deberían crecer en un núcleo que limita libertades y atropella derechos.
Muchos dirán que cada quién es libre de formar a sus hijos como quiera. No lo creo. Con el tiempo, ustedes mismos se darán cuenta que su padre estaba equivocado, que la libertad no se negocia…”.
Mensaje que fue completado por mi querido Genaro Lozano: “Su papá estuvo dispuesto a todo. Se reunió con el Frente Nacional “por la familia”, un grupo que en pleno siglo XXI combate derechos humanos de personas gays, lesbianas, bisexuales y trans, y les prometió que él también lucharía contra los derechos de estas personas (…). Apoyó al Frente porque pensaba que eso le iba a dar más votos, pero sin evidencia alguna de que eso funcione…”.
Yo me sumo a este mensaje porque, como he repetido en este espacio, a los partidos les quedan pocos caminos para mostrar su voluntad de renovación. ¿Qué no el PRI supuestamente buscaba convencernos de su modernización? ¿Por qué entonces su candidato se muestra tan purista… diría que como el Papa, pero hasta Jorge Bergoglio ha sido mucho más empático, abierto e inteligente para abordar estos temas que habían sido tabú en su Iglesia?
Del Mazo, todavía más que Vázquez Mota, se opone a toda causa progresista. Y no son los únicos, Teresa Castell, la candidata independiente, no ha querido dar su opinión al respecto… ¿pues qué no quiere hacer las cosas distintas? Sólo Juan Zepeda y Óscar González están dispuestos a pagar los costos políticos de abrazar estas causas. Tal como lo hiciera hace unos años Marcelo Ebrard, cuando abrió su agenda de libertades.
Y es que es justo la libertad y su defensa no negociable como parte de la lucha de los Derechos Humanos, es lo que cualquier candidato debería tener como uno de sus temas prioritarios; después de todo, el gobierno debe ser para todos, no sólo para quienes les dieron, vendieron o regalaron su voto.
No es posible que sigan creyendo que aún es operante un Estado incapaz de darle a todos y cada uno de sus gobernados el derecho a tomar sus propias decisiones, hacer su vida como les plazca y de asegurarse que todas esas diferencias tienen un abrigo en la ley.
No se puede pensar en un político “de estos tiempos” que no entiende un concepto tan elemental como el respeto a la otredad. Concepto, además, imprescindible en toda democracia que se precie de ser digna y civilizada. Lo otro es simplemente la barbarie.
ADDENDUM. El título no sólo hace referencia a su posición respecto al tema de libertades individuales. Claro que es aplicable también a su forma de entender la política y la competencia electoral (y a tantos temas adicionales) que también remiten a tiempos que no resultan civilizatorios.
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