Leo Zuckerman / Juegos del Poder
Cuando la gente desconfía de sus instituciones
2017-06-25
Los políticos de todos los partidos están preocupados por el proceso electoral de 2018. Es lógico: lo que más les interesa es ganar la mayor cantidad de puestos de elección popular. Concentrados en eso, desgraciadamente están desatendiendo un problema: lacrecientedesconfianza en las instituciones.
La gente cada vez cree menos en las instituciones p√ļblicas. Las que generan m√°s confianza son las Fuerzas Armadas, pero con una tendencia a la baja. Todav√≠a con calificaci√≥n aprobatoria se encuentran la Comisi√≥n Nacional de los Derechos Humanos y el Instituto Nacional Electoral, pero ambas, tambi√©n, con cada vez menos apoyo. Les sigue, en orden descendente, pero con ya con calificaci√≥n reprobatoria, la Suprema Corte de Justicia de la Naci√≥n, la C√°mara de Senadores, la Presidencia de la Rep√ļblica, las polic√≠as, la C√°mara de Diputados y al final de la lista los partidos pol√≠ticos. Esto de acuerdo al Ranking de Confianza en Instituciones de Consulta-Mitofsky publicado a finales de 2016.
Pero, ojo, la desconfianza también permea las instituciones privadas. A las que mejor les va son a las universidades seguidas por la Iglesia y, todavía con calificación aprobatoria, las estaciones de radio, los medios de comunicación, los empresarios y los bancos. Reprobadas se encuentran las cadenas de televisión y los sindicatos.
En estos mismos resultados que present√≥ Consulta-Mitofsky aparece un dato preocupante: el 30% de mexicanos reprueba todas y cada una de las 17 instituciones que se midieron en la encuesta, sean p√ļblicas o privadas. ¬°Casi un tercio de los mexicanos desconf√≠a de‚Ķtodo!
Roy Campos, director de Consulta-Mitofsky, interpreta esto como el porcentaje de la población que estaría dispuesto a escuchar un discurso anti-sistémico. Su lógica es convincente: alguien que desconfía de todas las instituciones nacionales claramente está que mienta madres por lo que sucede en el país y, por tanto, se inclinaría por un cambio total del llamado establishment.
Antes los consider√°bamos como ‚Äúrevolucionarios‚ÄĚ, es decir, losque quer√≠an cambiar el orden social, que pretend√≠an un cambio profundo, radical, en todas las instituciones del pa√≠s. Pero, por fortuna, las √©pocas de estos fervores han pasado. A estas alturas de la historia, las sociedades entienden que, como dec√≠a Jean-Fran√ßois Revel, las revoluciones s√≥lo sirven para concentrar el poder o para nada.As√≠ que, salvo algunos anacr√≥nicos que siguen suspirando por replicar el modelo de los barbones de la Sierra Maestra (que vaya que concentraron el poder), ya son pocos los que verdaderamente quieren y luchan por una Revoluci√≥n.
Y, entonces, ¬Ņqu√© les podemos ofrecer al tercio de la poblaci√≥n que desconf√≠a de todas las instituciones p√ļblicas y privadas del pa√≠s?
El discurso anti-sistémico y demagógico es venderles la idea de que, si llega al poder cierto candidato, cambiará todo. Que, de pronto, casi como por arte de magia, habrá una transformación profunda en las instituciones más relevantes del país: el Ejército, la Marina, las autoridades electorales, los jueces, senadores, diputados, el Presidente, los partidos, los gobernadores, los alcaldes, las policías, los partidos, los centros educativos, las iglesias, los medios, los empresarios, los sindicatos y todo lo demás. Un Disneylandia institucional. Pero este discurso, aunque puede ser popular, es falso por facilón.
Es hora de fortalecer las institucionesa los ojos de la ciudadan√≠a. La tarea no es solo de una persona sino del entramado institucional completo. Cada una de las instituciones tiene que trabajar todos los d√≠as para procurar una mayor confianza ciudadana. ¬ŅC√≥mo? Me temo que la respuesta es de sentido com√ļn: ofreciendo mejores resultados. Por ejemplo, los soldados y marinos tienen que respetar los derechos humanos cuando est√©n involucrados en labores de polic√≠a (ojal√° alg√ļn d√≠a dejen de hacerlo y regresen a sus cuarteles). Los medios debemos ofrecer informaci√≥nde m√°s sustancia y debates plurales. Los bancos, mejorar sus servicios. Los sindicatos, defender los intereses de sus agremiados. En fin, como dije, son cosas de sentido com√ļn. Lo importante es resaltar que no podemos seguir soslayando la creciente desconfianza ciudadana en sus instituciones. Algo hay que hacer para fortalecerlas. Porque, de lo contrario, esto puede terminar muy mal.
Twitter: @leozuckermann
DI Noticias Noche 20 de Mayo del 2015
Ediciůn Impresa
Portada 2017-07-26 Suscripciones Ediciones Anteriores