Ma. Elvira Santamaría Hernández / En Pocas Palabras
No estamos dispuestos a escuchar
2017-03-22
Desde pequeños aprendemos mucho de lo que creemos, de lo que hacemos y decimos hasta el fin de nuestros días. Además de los hábitos y los modos, aprendemos mecanismos mentales.

Nuestros cerebros van estableciendo fórmulas y caminos para llegar a ciertas conclusiones más o menos certeras.

Si nos convencen o nos resultan bien una vez, es muy probable que las repitamos. Y si eso ocurre en varias ocasiones, nos aferramos a esa forma de resolver, de contestar o de enfrentar las situaciones, porque ir a lo seguro, es lo que la mayoría de las veces buscamos.

Entonces, como les decía, cada uno de nosotros traemos ya una especie de disco aprendido. Y ese librito, esas concepciones preestablecidas, esas ideas que nos repitieron y que nos repetimos nosotros tantas veces, en ocasiones hasta por décadas, nos impiden abrir el criterio a nuevas concepciones de las cosas.

Según explicaron en alguno de los cursos a los que asistí, esas fijaciones en nuestro carácter frenan los intentos que hacemos para cambiar positivamente. También nos cierran los oídos a planteamientos diferentes y nos ciegan ante las evidencias que en ocasiones se nos presentan ante nuestros ojos.

Algo muy común que nos ocurre es que no somos capaces de escuchar, de realmente escuchar lo que nos dicen los demás. En una discusión simplemente bloqueamos el cerebro a la hora que nuestro interlocutor o interlocutora está argumentando. No le oímos. Desechamos sus palabras. Damos por sentado que no tiene la razón y que nuestro juicio es acertado y nuestras razones son las verdaderamente válidas.

Así estamos en todos los ámbitos y eso nos está colocando cada vez con más frecuencia como adversarios. Peor aún, como adversarios sordos, necios e inamovibles, que en la cerrazón, irónicamente nos volvemos víctimas de inconmensurables embustes, que no distinguimos.

Esto que sucede en la vida cotidiana se magnifica cuando se trata de la política, porque allí se combina con otros agravantes, como son la falsedad, la omisión y la demagogia.

En esta dinámica estamos metidos los veracruzanos y más ahora con las precampañas políticas. Los políticos, ¿saben a quiénes escuchan? No crean que a ustedes o a mi; no, ellos escuchan a sus estrategas de campaña, a los que les manejan el marketing. Se enfocan en lo que sus encuestas les van indicando que les traerá más simpatizantes. Si hay que repetir treinta mil veces una mentira, la repetirán. Si hay que soltar una calumnia, la soltarán; total, luego dirán una disculpa.

Por ello es esencial aprender a escuchar y a discernir la verdad de la falsedad. Poner atención es el primer paso. Y un indicador que nos puede servir muchísimo, es considerar, qué o quién es la fuente que nos está diciendo algo. Tener presente aquello de: por sus hechos los reconoceréis. Esa es buena pauta a seguir.
DI Noticias Noche 20 de Mayo del 2015
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