Por Vicente Bello
Columna: Tren Parlamentario
¿Quién detiene la corrupción?
2011-03-13 | 21:55:00
El Senado de la República fue ayer sede de la IV Conferencia Mundial de la Organización Mundial de Parlamentarios contra la Corrupción, aglutinante de más de 40 mil parlamentarios y legisladores de todo el planeta. El tema se denominó Pobreza y Lucha contra la Corrupción, y ahí, en el patio de Xicoténcatl, los más de 20 conferencistas se pusieron a describir los orígenes del cochupo, que a países como México representa erogaciones de algo así como una cuarta parte del ingreso de cada familia.
Pero, ¿quién detiene a la corrupción? Un ex parlamentario canadiense, John Williams, ha venido a decir en Xicoténcatl una vieja receta de la oposición mexicana, antídoto contra la corrupción, que, sin embargo, no por vieja le han hecho caso: el fortalecimiento de las instituciones responsables de la rendición de cuentas.
El canadiense John Williams también ha coincidido, precisamente, en una parada donde suelen verse a estudiosos del derecho parlamentario mexicano criticando la hechura de las leyes para favorecer a quienes tienen el poder y no a la población, cuando dijo: “Pero, desafortunadamente, sabemos que hay demasiadas personas que cuando ya tienen el poder son los que escriben las reglas. Y para seguir en el poder, y la rendición de cuentas desaparece, entonces pueden entrar en lo que es la caja fuerte y sacar el dinero”.
Dos callos pisó Williams al sistema político mexicano: la falta de rendición de cuentas y leyes al servicio del mejor postor.
Eduardo Bohorquez, miembro de la asociación Transparencia Internacional, dijo: “Empiezo por dejar muy claro que la pobreza en muchos casos es consecuencia de un sistema corrupto”. Y evocaba un dato: “En México los hogares que ganan menos de un salario mínimo invierten en términos de la Encuesta Nacional de Ingreso-Gasto en los Hogares, hasta 25 por ciento de su ingreso, en pagar para que el camión recolecte la basura, en pagar para que se corrija un tema de desazolve en la calle, para obtener una licencia de conducir, etcétera”.
El dato del 25 por ciento lo había dado José Antonio Ardavín, de la Organización ´para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que preside el mexicano José Angel Gurría. “La corrupción”, dijo Ardavín, “conduce a una menor inversión privada y por lo tanto a menos empleos, que son también la salida a la pobreza”.
Y añadía: “La corrupción en la prestación de servicios básicos, como la venta de acceso a los servicios públicos, que deberían ser gratuitos, afecta desproporcionalmente a los pobres y por lo tanto agrava la pobreza”.
Fue el enviado de la OCDe quien dijo que México, con sus niveles de corrupción, apenas está por debajo de Angola y Afganistán.
Jorge Malem Seña, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra de Cataluña, habló de “los efectos más perniciosos de la corrupción sobre la pobreza”. Y enumeró:
1.- La corrupción atenta contra la inversión de la economía de un país y es una práctica negativa para el desarrollo económico, político y social. Degrada la posibilidad de crecimiento económico a largo plazo.
2.- Un efecto asociado al interior y en algún sentido de más amplias proporciones, se produce sobre el poder de tomas de decisiones políticas, sobre la productividad y la calidad de la inversión. Los gobiernos corruptos suelen comprometerse en proyectos faraónicos, con fondos privados o de organismos de ayuda al desarrollo, que dan origen a cuotas altas de pagos indebidos, en lugar de dedicar esos mismos recursos a tareas productivas.
Citó Jorge Malem entonces un ejemplo: “en la llamada guerra de las Malvinas, el único país en el mundo que tenía ocho misiles Exocet era Perú”. Y citaba también a Dieter Frish, ex directo general de Desarrollo de la Comisión Europea: “Cuando el orden de prioridades y proyectos está determinado por la corrupción llegamos a la máxima expresión de la misa, en esos casos las prioridades para el desarrollo genuino de un país se definen en función de proyectos que son más ventajosos para el interés particular de los funcionarios”.
3.- El aumento de los costos y precios de bienes y servicios son otros de los posibles efectos perversos de la corrupción que afectan sobre todo a las clases populares. 4.- La corrupción impone barreras al comercio y esto empobrece aún más a los más necesitados. Ello es consecuencia de que los sobornos suelen darse con el fin de establecer monopolios de hecho, esto es los pagos indebidos tienen por objeto la exclusión del mercado de ciertas empresas competidoras.
5.- La corrupción puede estar relacionada en algunas ocasiones a ciertos actos ilegales típicos, como el contrabando, que producen indudables efectos económicos nocivos (…) Los efectos del dúo, contrabando-corrupción, no pueden ser más negativos, fijación artificial de precios, eliminación del mercado de comerciantes honestos, surgimiento y ampliación de mercados negros, determinación de la escasez o sobre abundancia de bienes de primera necesidad, etcétera. Y cuando los responsables del contrabando crean especies de instituciones paralelas a las estatales con el apoyo de funcionarios corruptos los implicados se apropian literalmente de los mecanismos del Estado en beneficio propio.
Muy pocos legisladores mexicanos, por cierto, se veían allí –exceptuando a Ricardo García Cervantes, senador panista- tomando nota.

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