Francisco E. Heredia Quintana / Opinión
En la monotonía del fuego cruzado
2017-03-02
“Desde este momento comienza la guerra, guerra quieren guerra tendrán, quieren tener todo el poder para meter a su gente, pero aquí nos morimos todos”.
Ese fue el mensaje de odio y muerte, el anuncio de una batalla que es inminente y abrasiva.
En una cartulina quedó plasmada la consigna, esa dedicatoria incisiva que como un cuchillo filoso atravesó la penumbra de la noche para convertirse en un mal presagio, en un cuervo mortuorio que sobrevoló la tranquilidad buscando hacer nido en las conciencias y así esparcir su mensaje de miedo.
¿Quiénes son los autores de la masacre? y ¿ quiénes son los destinatarios?, acaso importa saberlo?
Con once cuerpos desnudos, torturados y apilados firmaron la advertencia, alertaron con sangre y balas que la guerra ya comienza.
Sin embargo, el sabor de la guerra desde hace mucho carcome los labios de los veracruzanos, desde hace mucho la idea de la narco guerra se pasea impunemente en el estado, la matanza es un método al que nos hemos acostumbrado, pero allá en Boca del Río anuncian que se avecina el inicio de una batalla y los cuerpos de 9 hombres y dos mujeres son el preludio amargo de lo que está por venir.
Hay una guerra cotidiana
Las balas retumban, los cuerpos caen, la sangre salpica y el estado ha quedado “pechotierra”, cual indefenso y desprevenido testigo, apretando los ojos y protegiéndose los oídos ante los estruendos. Y al final nada, lo de siempre: el recuento de muertos y la verborrea nauseabunda. No hay culpables tangibles, sólo es la narco guerra que ya parece un paisaje cotidiano de la fisonomía de Veracruz.
Esta semana unas personas secuestraron a la mamá de una regidora en Minatitlán, En Poza Rica un grupo armado plagió a un médico cuando acudía a llevar a su hijo a la escuela y para poder llevárselo le dispararon en la pierna, en Álamo en la localidad de Potrero del Llano un agente municipal fue ejecutado, en el puerto de Veracruz una balacera cimbró a la colonia Villa Rica, el saldo fue de un panorama de casas destruidas y dos muertos y para encumbrar la agenda de violencia once cuerpos que fueron abandonados en Boca del Río dentro de una camioneta, torturados y ejecutados, acción que representó el redoble de los tambores de una nueva etapa en esta pelea de poder, territorio y drogas.
Y ante estos hechos usted, yo, todos acabamos en la monotonía del fuego cruzando, en medio del vaivén de estas noticias fúnebres, que hacen un eco sombrío en las redes sociales, en los periódicos y noticiarios, lo que también hace eco son las promesas, las declaraciones de autoridades y políticos que fluyen hasta el hastío y más en estos tiempos donde las urnas están tan próximas.
El gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares admitió que el estado vive “tiempos difíciles” en materia de seguridad, dijo que la tasa de homicidios dolosos “se disparó” en el 2016. Calificó como una “barbarie” el hallazgo de los 11 cuerpos.
Los cuerpos aún no habían sido identificados, y ya el gobernador los implicaba en el narcotráfico.
Yunes Linares justificó que la situación de violencia se debe a enfrentamientos entre grupos del crimen organizado y que según esto no solo le sucede a Veracruz, también en 25 entidades. Pero no se ha visto en lo que va de este año en otro lugar del país una escena semejante, esa morgue espontánea en plena calle a la media noche.
El 70 por ciento de los homicidios que se cometen en el estado están vinculados a esta lucha, a esta batalla entre grupos de delincuencia organizada, insistió el gobernador.
La narco guerra es ya una circunstancia intrínseca, es un rostro cotidiano en la normalidad del día a día, así como se lee sobre el clima, sobre el gasolinazo, sobre Donald Trump ...así la batalla del narcotráfico es algo que habita en todos lados y no nos damos cuenta que estamos enredados en ella hasta que se sueltan los disparos, hasta que el brazo del crimen llega a nuestra ciudad y nos recorre ese escalofrío intimo e intenso.
Nos indignamos y horrorizamos cuando arrojan los cuerpos cerca, cuando las balas sacuden nuestro vecindario, cuando la muerte armada merodea impunemente.
Acaso la narco guerra es un veneno toxico que todos estamos respirando, es una burbuja en la que estamos encerrados y estamos tan acostumbrados a ella que simplemente decimos “¿hubo balacera?, ¿ muertos?,¿ torturado? ahh es la guerra del narco, que mal que trágico, que feo...” y la vida sigue.
Las investigaciones, la inteligencia criminalística de las autoridades ya ha logrado descifrar que existe, confirman con una enorme grandilocuencia que hay una guerra en el país.
Pero solo la anuncian, la describen, la comprenden, pero ¿acaso no es su papel detenerla o erradicarla? y hacerlo de manera contundente.
La narco guerra se ha convertido en el argumento fácil, en el lugar común al que se acude para justificar los hechos de sangre que empañan a los gobiernos, es el pretexto, como si al admitir que los narcos están en pleito se exoneran de responsabilidades, se lavan las manos.
Sí, se anuncian estrategias, se menciona que están trabajando, que saben quiénes son y entonces ¿por qué no se les pone un alto?
Los hechos en Boca del Río se dieron horas después de que el gobernador de Veracruz y el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong anunciaron que se reforzará la seguridad en el estado. “Vamos por los criminales”, declaró el funcionario federal y horas después en el paisaje urbano jarocho aparecieron los muertos con su mensaje.
Es una ¿macabra coincidencia, es una respuesta directa a la llegada de la Gendarmería a la entidad? , ¿el gobierno tiene también su trinchera discreta y nociva en esta narco guerra?
Y ante las obvias especulaciones el gobernador no tardó en aclarar que “nadie le ha declarado la guerra al Gobierno del Estado, sino que es un enfrentamiento entre estos criminales”. Refirió que la ejecución de 11 personas “es un acto de barbarie que preocupa a los veracruzanos, que preocupa a los gobiernos, “un caso que ocupó toda la madrugada a el grupo de Coordinación Veracruz, integrado por fuerzas federales y estatales.
La Gendarmería es una división de la Policía Federal, según el portal del gobierno, contribuirá a fortalecer las capacidades institucionales y la presencia territorial para que los mexicanos puedan desarrollar sus actividades con tranquilidad, protegerá la seguridad de las personas y las fuentes de trabajo relacionadas con los ciclos productivos que se encuentren en riesgo frente a amenazas de la delincuencia organizada.
Su despliegue operativo, explica la fuente gubernamental; se hará mediante tres modelos: En cuarteles móviles cuando el despliegue operativo sea de unos días y hasta de tres meses. En cuarteles semifijos cuando la presencia sea de hasta seis meses. En cuarteles fijos cuando se requiera una permanencia mayor a seis meses.
Para realizar su tarea cuenta con un agrupamiento de caballería y con agrupamientos de operaciones especiales, reacción, proximidad social, seguridad rural, seguridad fronteriza y proximidad turística.
Todo lo anterior es la teoría, es el sustento argumentativo que aparece en las páginas web, nosotros, los ciudadanos sólo observamos el desfile de uniformados, patrullas y demás vehículos, a su llegada a las ciudades siguen ese protocolo donde “muestran el músculo”, se pasean en las avenidas desplegando los contingentes y su mirada retadora.
Pero cómo podemos saber si eso es suficiente, la sola presencia de los elementos logra disminuir los hechos delictivos, o ¿ lo toman como una afrenta? Y el ambiente violento se recrudece.
¿Hay alguna manera que sin ser especialistas, logremos saber si tiene sentido la llegada de estos cuerpos de seguridad?
La misma fuente de gobierno detalla: ¿cómo medir los resultados?, además de los indicadores tradicionales relacionados con el número de personas detenidas, de objetos ilícitos asegurados o de kilómetros patrullados, se desarrollará una nueva generación de indicadores que permitirán establecer, en ejercicios comparativos, si con la presencia de la División de Gendarmería se logró la producción esperada, si aumentó la ocupación hotelera o si se incrementaron los empleos formales, por ejemplo.
Entonces habrá que esperar a que nos informen.
Sin embargo está claro que la retórica del gobierno debe cambiar, admitir que estamos en guerra, que ocurre en el estado este enfrentamiento delincuencial y no en la luna o en marte, dejar de pretender que son asesinatos que solo ocurren en una especie de submundo distante donde esta debatiéndose esta batalla.
Se debe asumir la responsabilidad operativa de acabar con la narco guerra, censurarla, reprimirla y no solo describirla y satanizarla.
La guerra del narco está aquí y no querrás que te murmure al oído su sentencia de muerte para empezar actuar, a preocuparte y sobre todo informarte.
De qué manera engranan estas fuerzas federales en esta maquinaria de guerra que parece descarrilada y feroz, La Gendarmería ejerce una presión, hace un contrapeso, su sola presencia aplaca la vendetta entre los delincuentes?
¿Qué hacer? acaso la opción es digerir el miedo, masticarlo entre los dientes, que lo asimile nuestra humanidad, hasta que lo logremos tragar y sea parte de nosotros o Ser fríos, autómatas, e indiferentes, creer irrisoriamente que esto es algo que no nos incumbe que es lejano y ajeno, hasta que llegue el momento en que esos embates de violencia toquen nuestra puerta.
Hay que romper la burbuja, asumir que así es la realidad de nuestro estado, ser conscientes del entorno que nos rodea, estar informados y alertas, no pretender como las autoridades que no pasa nada.
Habrá no solo que esperar que pase el tiempo para evaluar los resultados de la Gendarmería y de las estrategias de seguridad, también hay que preguntar, todos desde nuestras posiciones podemos indagar, cuestionar, ser curiosos, entender que a pesar de estar en el fuego cruzado podemos movernos hasta lograr salir de su abrumadora monotonía.
Hay que actuar, informarse y ser críticos.
No condenarnos a permanecer infinitamente en la cornisa, al borde de ese abismo de miedo, con la conciencia atiborrada de preguntas y con la zozobra palpitando en el corazón, siendo mudos e impávidos testigos en este carnaval visceral y obtuso de drogas, balas y sangre.
heqfe@hotmail.com
DI Noticias Noche 20 de Mayo del 2015
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